30 septiembre 2013

Perdón, sigo con mi vida

En septiembre de 2010 yo estaba viviendo hacia un año y medio en Rosario, trabajaba en un restaurante vegetariano y cursaba el segundo año del profesorado de artes visuales en una escuela en el barrio de la tablada.
Alquilaba un departamento de pasillo de dos ambientes, con un patiecito y un plátano antiguo que emergía del jardín de la casa del fondo, que aparentemente estaba en sucesión y deshabitada.
Eramos un bloque de cuatro departamentos donde todos nos escuchabamos, cuando me fui hicimos un asado.

Mi tía me llamó al celular para invitarme de viaje, ir por cuatro días a visitar a nuestra familia chilena, en Santiago. Hacia mas de doce años que no veía a mi abuelo, sabía que estaba muy deteriorado físicamente y que vivía en una casa humilde en un barrio humilde de santiago.
Que sus hijas de allá lo ayudaban como podían. Que mi mamá y mis tíos tenían otra relación con el, pero que habían mantenido cierta comunicación afectiva.
Durante esos doce años mi abuelo a veces llamaba a casa, en lobos, muchas veces lo atendía yo, desde los 8 hasta los veinte años, siempre me trataba adecuadamente para la edad que tenía, saludaba y me pedía que le pase con mi mamá y yo iba hasta la pieza de ella o el patio y le mostraba el teléfono con el brazo extendido y le decía: es tu papá y ella agarraba el teléfono naturalmente, a veces hasta con cierta luz en la cara, pero nunca con alteraciones.
Jamás escuché de que hablaban, o no lo recuerdo, pero si creo que en la casa cuando el llamaba todo se llenaba de un poco mas de armonía.

Mi tía es soltera y ya había llevado a mis hermanos mas chicos y a mis primas (a alguno en mas de una oportunidad) y a mi nunca me había invitado y eso que es mi madrina. También es cierto que yo siempre fui leal a mi mamá y a mi abuela y había manifestado en alguna oportunidad la falta de interés por conocer ese lado de la familia que tanto mal simbolizaba.
Pero en realidad quería ir y cuando ella me invito no dudé, le dije a mi jefe (el mejor jefe que tuve en mi vida, era gay) que me iba a Chile, que me de los días y me dijo que si.
Nos tomamos el avion en aeroparque, que lastima que no era ezeiza, desayunamos un cafe en esos bares de pasillos de aeropurto y nos embarcamos, como siempre, como las pocas veces que tuve la oportunidad de viajar en los inexplicables aviones, vi el mundo desde arriba, era de dia, la ciudad es una cuadricula hermosa y las nubes estan al lado, como siempre las imaginaste. La panza te hace ruido como en una montaña rusa y te traen comida, al rato ya llegamos, pero antes cruzamos los andes, la unica cordillera que conozco, habia millones de montañas, picos nevados, lagos, uno de color rosa y otro turquesa.
Alguna central hidroeléctrica, y la siguiente ciudad, Santiago.
Nos tomamos un remis y nos fuimos a la casa de mi tía Paula, a quien había visto una sola vez en mi vida, en el patio de mi casa comiendo un asado cuando yo era adolescente y estaba distante, por lo antes mencionado y porque estaba en la pavada como cualquier adolescente.
Paula tiene tres hijos, una que ya terminó la escuela que se llama Camila, de un novio que mi abuelo quiso envenenar y los dos sigueintes de Pato, su marido, Simón y Dominga.
Pato es escalador y se la pasa fumando porro y en un merienda que ellos llaman once hablamos de drogas psicodélicas con toda la familia, del san pedro, de la ayaguasca y el contaba sus experiencias y todos nos reíamos, todos de verdad.
Una noche nos quedamos tomando vino y riéndonos de vuelta.
Al otro día Paula nos contó que se estaban separando que estaban mal que Pato la había cagado que eran muchos años pero que la iban piloteando de la mejor manera.
Ella dijo que se quería ir a vivir a Argentina con los chicos, irse a Córdoba, a alguna casita en las sierras, nosotras nos conmovimos y la apoyamos y le ofrecimos nuestra ayuda. Ella queria estudiar algo de tecnología, carrera que no termino por maternidad y trabajo pero de la cual ejerce su profesión que no recuerdo cuál es.

Después fuimos a visitar a mi abuelo con ella en su camioneta cuatro por cuatro modelo del siglo pasado. Llegamos y vi su casa precaria, le saque fotos, Paula nos dejo ahí y y dijo que volvia en un rato, mi abuelo que apenas podía caminar, que tenia los ojos llenos de cataratas, mal olor y mucha paz nos ofreció mate, así que los tres tomamos mate en su patio, saque mas fotos.
Hablamos un poco, el se conmovió minimamente al verme y recordó una anécdota relacionada a mi tamaño cuando era bebe y otra que no recuerdo.
Paula volvió a buscarnos y nos despedimos con la promesa de almorzar al otro día.
Comimos, estaba la madre de paula y mariana, una mujer muy buena, fuerte e inteligente, que me acompaño con su presencia sabia todo el viaje. En dos o tres oportunidades destaco mis apreciaciones y mis reacciones ante mi abuelo, dándoles importancia.
Después de comer nos fuimos todos al patio delantero a estar al sol, yo me senté al lado de mi abuelo y me habló, me habló de muchas cosas, yo lo escuchaba, me contó que cuando el se fue de Argentina agarro un citroen blanco y lo modificó, salio de la plata, su cuidad natal, después de haber abandonado a mi abuela y sus hijos.
Se fue al sur, estuvo meses viviendo adentro del citroen al lado de un lago, tuvo muchas hectáreas las cuales incluian un lago pero lo perdio por un mail negocio.
Después se fue a Chile y ahí se casó y tuvo otra familia a la cual también abandonó.

Ya no era tan temprano y le sugirieron irse y aceptó, se fue y yo sabia que era muy probable que no lo vuelva a ver nunca mas. lo acompañamos hasta la casa,
paseamos en camioneta para conocer la cuidad, santiago es muy lindo, tiene cosas yankis.
Yo pensaba en mi abuelo y en toda mi familia y en mi vida, pero principalmente en mi vida porque soy una egocéntrica. En si me volvía a vivir a Buenos Aires.

Un mediodía antes de almorzar Paula me dijo si quería acompañarla a buscar a Simón al colegio, me contó que era una escuela Maria Moliner, las aulas eran un sueño.

Mas tarde quise ir a pasear sola, me imprimieron un mapa, me explicaron las reglas del transporte y me fui. Tomé un colectivo y me bajé en el centro, parecía europa. Entré al museo de arte moderno, mire todas las muestras, eran excelentes y yo estaba sola en la recoleta de santiago. 
Comí algo, compré unas boludeces en la feria y quise volver. Me estaba resultando difícil, la cuidad era muy grande y nadaba en el medio de un mar de gente, pregunté, me asesoran y finalmente tomé el colectivo de vuelta al compás de las personas que volvían de trabajar, me baje en el barrio la reina, tenia que hacer unas cuadras para llegar a la casa. Pasé por todas las veredas con alivio, la mayoría tenían cerco y flores y alguna que otra panadería dispersa por ahi. Llegué a la casa, me tiré en la cama de Simón y sentí un temblor, pregunte que estaba pasando y era eso, un temblor de la tierra.

















7 comentarios:

inés dijo...

qué historia!

ana dijo...

y hay mucho mas!

fikoshka dijo...

me gustó mucho cómo termina.

Makuni dijo...

tiene que seguir,por favor.

ana dijo...

gracias chicas!

b dijo...

qué linda, ana

Flavia Garione dijo...

qué lindo, me encantó